Lincoln y el Tribunal Supremo: Poco drama, mucho impacto

Durante su presidencia de cuatro años y un mes, Abraham Lincoln nombró a cinco jueces para el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, entre ellos un presidente del tribunal (Chief Justice).  Todos los cinco fueron aprobados dentro de una semana.  Eso sí: ¡sin drama, sin minuciosas investigaciones de antecedentes, sin audiencias rencorosas y divisorias, sin políticos fanfarroneándose y sin una interminable cobertura mediática!

Pero esto no quiere decir que el tema del Tribunal Supremo no generó controversia en los días de Lincoln.  ¡Justo lo contrario!  El propio Lincoln incluso había afirmado – en respuesta a la decisión de Dred Scott v. Sandford en 1857 – que el Tribunal formaba parte de una vasta conspiración para nacionalizar la institución de la esclavitud [para más sobre esto, vea mi blog del 27 de junio de 2015].  Y hubo un gran debate en curso sobre cómo reestructurar todo el sistema federal de tribunales, lo cual estaba desactualizado y sobrecargado debido al crecimiento del país tanto en tamaño como en población.  ¿Le sorprendería saber que durante décadas el Congreso había sido lento para modificar el sistema judicial, en gran parte debido a las disputas partidistas y regionalistas?

Cabe señalar que en ese entonces, los jueces del Tribunal Supremo también presidían los tribunales federales de circuito; de verdad, viajaban dos veces al año a sus regiones asignadas para celebrar juicios.  De hecho, pasaron más tiempo “montando el circuito” que en Washington.  El mismo Lincoln había participado en juicios ante el juez del Tribunal Supremo John McLean, cuyo circuito incluía Illinois.  Y aunque en la mayoría de los casos no había un explícito requisito de residencia, los jueces sí habrían sido elegidos generalmente desde las regiones que servirían, preservando así una diversidad geográfica en el Tribunal.

Cuando Lincoln asumió la presidencia en 1861, el sistema de tribunales federales tenía una gran necesidad de reestructuración.  Además, un juez había fallecido en 1860 y otro lo hizo solamente un mes después de la investidura de Lincoln (McLean), y otro más había dimitido para unirse al gobierno confederado como subsecretario de guerra (John A. Campbell, el único juez sureño quien dimitió).

En su primer mensaje anual al Congreso el día 3 de diciembre de 1861, Lincoln explicó que aún no había hecho nombramientos para las tres plazas vacantes en parte porque dos de ellas tradicionalmente habían sido ocupadas por sureños y esto presentó dificultades evidentes.

Dos de los jueces salientes residían dentro de los estados ahora infestados por la revuelta; por lo tanto, si sucesores fueron nombrados en las mismas localidades, no pudieron servir en sus circuitos; y muchos de los hombres más competentes allí, probablemente no correrían el riesgo personal de aceptar servir, incluso aquí, en el banco supremo.  No he estado dispuesto a lanzar todos los nombramientos hacia el norte y así inhabilitarme de hacer justicia al sur una vez que la paz sea restaurada; aunque sí puedo decir que el transferir al norte una plaza que hasta ahora ha estado en el sur, no sería, con respecto al territorio y a la población, injusto.

A continuación, Lincoln describió la gran necesidad de una reestructuración, señalando la gran población entonces contenida en el circuito de McLean – “su circuito se convirtió en un imperio” – y el hecho de que “además de esto, el país en general ha sobrepasado nuestro actual sistema judicial”.  Fue particularmente crítico con la falta de uniformidad, ya que los últimos ocho estados admitidos a la Unión fueron excluidos del sistema de tribunales de circuito (en lugar de esto, fueron atendidos por tribunales de distrito), y concluyó: “Los tribunales de circuito son útiles, o no lo son.  Si útiles, ningún estado debe ser privado de ellos; si no útiles, ningún estado debe tenerlos.  Que sean provistos para todos, o abolidos para todos.

En todo esto vemos la preocupación primordial de Lincoln de que la equidad y la justicia fueran los objetivos de cualquier cambio en el sistema judicial.  A continuación, ofreció tres propuestas para solucionar los problemas:

Se me ocurren tres modificaciones, cualquiera de las cuales, creo, sería una mejora en nuestro sistema actual.  Que el Tribunal Supremo sea de un número conveniente en todo caso.  Luego, primero, que todo el país esté dividido en circuitos de un tamaño conveniente, los jueces supremos para servir en un número de ellos correspondiente a su propia cantidad, y jueces de circuito independientes sean provistos para todo lo demás.  O, en segundo lugar, permita que los jueces supremos sean aliviados de los deberes del circuito, y que jueces de circuito sean provistos para todos los circuitos.  O, en tercer lugar, prescindamos de los tribunales de circuito por completo, dejando las funciones judiciales a los tribunales de distrito y un Tribunal Supremo independiente.

Lincoln decidió llenar la plaza de McLean en enero de 1862, nombrando a Noah Haynes Swayne, quien al igual que McLean era de Ohio, y a quien el Senado confirmó solamente tres días después.  Pero a continuación esperó al Congreso.

El Congreso finalmente respondió en julio de 1862 al redistribuir los nueve circuitos para incluir a todos los estados excepto a California y Oregón en el lejano oeste, lo que también los hizo más equitativos en cuanto a la población atendida.  Ya que el norte había crecido mucho más que el sur en población desde la última reestructuración en 1837, esto tuvo el efecto de – utilizando la pintoresca frase anterior de Lincoln – “lanzar los nombramientos hacia el norte”.  Anteriormente, los sureños habían superado a los norteños en el Tribunal por 5-4; ahora los norteños superarían a los sureños por 6-3.

Al día siguiente, Lincoln le pidió a su Procurador General Edward Bates que preparara el nombramiento de Samuel Freeman Miller de Iowa para uno de los circuitos últimamente redistribuidos.  La nota escrita a mano de Lincoln a Bates fue notablemente breve e informal:

Por favor envíeme los nombramientos de Samuel F. Miller, de Iowa, como un juez del Tribunal Supremo, para el circuito en el que se incluye Iowa; y de ________ Trigg (Ud. tiene su nombre) para juez de distrito en Tennessee.

Ese mismo día, Bates le dio a Lincoln el nombramiento de Miller y Lincoln lo envió al Senado: “Nombro a Samuel F. Miller de Iowa para que sea un Juez Asociado del Tribunal Supremo de los Estados Unidos.”  El Senado confirmó a Miller en solamente media hora.

Más tarde ese otoño, con el Congreso ausente, Lincoln designó a su viejo amigo David Davis de Illinois para la última plaza vacante a través de un nombramiento de receso.  Cuando el Congreso volvió a convocarse el 1 de diciembre, Lincoln nombró a Davis para un nombramiento regular, y el Senado lo confirmó exactamente una semana después.

El Congreso hizo un cambio adicional en marzo de 1863, agregando un décimo circuito para California y Oregón, lo que aumentó el número de jueces en el Tribunal de nueve a diez.  Lincoln inmediatamente nombró a Stephen Johnson Field de California para la nueva plaza, y este fue aprobado solamente cuatro días después.

Luego, en octubre de 1864, el presidente del tribunal (Chief Justice) Roger Taney, autor de la odiada decisión de Dred Scott, le hizo un gran favor a Lincoln al fallecer.  No solamente se había deshecho el Tribunal de Taney, sino ahora Lincoln tenía una solución conveniente para su problema de encontrar un nuevo puesto para su antiguo secretario del tesoro, y aspirante a la presidencia, Salmon P. Chase.

El nombramiento de Lincoln de Chase como presidente del tribunal el día 6 de diciembre fue aprobado por el Senado ese mismo día.  Mientras que Taney había declarado que esclavos negros y sus descendientes nunca podrían ser ciudadanos de los Estados Unidos, una de las primeras acciones de Chase fue la de aceptar la solicitud de John Rock, un abogado negro, para ejercer ante el Tribunal.

Los cinco nombramientos de Lincoln, entre ellos su nombramiento de Chase como presidente del tribunal, junto con el rediseño de los circuitos realizado por el Congreso, cambió por completo el Tribunal Supremo.  Probablemente no sea una exageración decir que el impacto de Lincoln sobre el Tribunal fue mayor que el de todos de nuestros otros presidentes salvo a Washington (quien nombró a todo el primer Tribunal), John Adams (quien nombró a John Marshall como presidente del tribunal), Andrew Jackson (quien nombró a seis jueces, incluyendo a Taney como presidente del tribunal) y Franklin D. Roosevelt (quien nombró a ocho jueces, aunque fracasó en su intento de “empacar el tribunal”).

Y, como ya se señaló, los cinco nombramientos de Lincoln fueron aprobados por el Senado en tres, cero, siete, cuatro y cero días (uno en solamente media hora).  ¡Uno se pregunta qué pensaría Lincoln del proceso de confirmación actual!

Kevin J. Wood

el 5 de octubre de 2018

El leer, el escribir y el cifrar: El joven Abraham Lincoln en la escuela

Entre los muchos manuscritos originales existentes en la actualidad que fueron escritos por Abraham Lincoln, solo uno data de su niñez.  Consta de 11 hojas (22 páginas) de uno de sus cuadernos escolares, probablemente escrito cuando tenía entre 13 y 17 años.  Las hojas están ubicadas en 12 lugares diferentes (una de las hojas está cortada a la mitad): la Biblioteca del Congreso, seis bibliotecas universitarias, tres museos y dos colecciones privadas.

Mientras crecía en la frontera en Kentucky e Indiana, el joven Abraham Lincoln solo asistía a cinco sesiones escolares, la mayoría de las cuales de una duración de solo unos dos meses en pleno invierno.  Como Lincoln recordaría muchos años después en un breve relato autobiográfico proporcionado al redactor periodístico John Locke Scripps en junio de 1860, escribiendo sobre sí mismo en tercera persona: “[Abraham] fue a escuelas A.B.C. de poco en poco … ahora piensa que el conjunto de toda su educación no ascendió a un año.

En esas escuelas fronterizas, los estudiantes no tenían libros de texto.  En cambio, cada estudiante hizo para sí mismo un cuaderno, que en el caso de las matemáticas se llamaba un libro de cifrar o un libro de sumas.  Esto se hizo tomando varias hojas de papel, doblándolas por la mitad y luego cosiéndolas o atándolas.  El maestro dictaría citas, reglas matemáticas, problemas, etc., que los alumnos escribirían en sus cuadernos, o en el caso de los estudiantes más pequeños, el maestro podría escribirlos él mismo.

En algún momento, Lincoln aparentemente le dio este libro de cifrar – que incluía su última sesión de educación formal – a su madrastra, porque fue ella quien lo presentó a William Herndon, amigo y socio de abogacía de Lincoln, después de la muerte de este, y él a su vez regaló las varias hojas a diferentes personas.

En cuanto a los profesores de esas escuelas fronterizas y lo que Lincoln aprendió de ellos, esto es lo que él mismo dijo en otro relato autobiográfico, este escrito para su amigo Jesse Fell en diciembre de 1859:

Hubo algunas escuelas, así llamadas; pero nunca se requirió ninguna calificación de un maestro, más allá de “leer, escribir y cifrar”, hasta la Regla de tres.  Si sucedió que un vagabundo quien supuestamente entendía el latín pasaba una temporada en el vecindario, fue visto como un mago.  No había absolutamente nada para despertar la ambición a la educación.  Por supuesto, cuando cumplí la mayoría de edad no sabía mucho.  Todavía de alguna manera, podía leer, escribir y cifrar hasta la regla de tres; pero eso fue todo.

Probablemente usted ya se haya dado cuenta de que “cifrar” se refiere a la aritmética y tal vez a otras ramas de las matemáticas.  Pero probablemente no tiene ni idea de “la regla de tres”; puede descubrir lo que esa era al revisar el propio libro de cifrar de Lincoln.

Las primeras tres páginas contienen problemas de resta, multiplicación y división simple.  Tenga en cuenta que simple – en lugar de compuesto – ¡no significa necesariamente fácil!  He aquí uno de los problemas que el joven Abe resolvió correctamente: 20.254 x 4.433 = 89.785.982.

A uno se le ocurre que Abe debe haber terminado su trabajo más rápidamente que algunos de sus compañeros de clase, porque estas primeras páginas también están intercaladas con pequeños poemas tales como [toma nota que estos poemas riman en inglés]:

Abraham Lincoln, su mano y su pluma, él será bueno, pero dios sabe Cuándo

y

Abraham Lincoln es mi nombre

Y con mi pluma escribí lo mismo

Escribí tanto con prisa como con velocidad

y lo dejó aquí para que tontos lo lean

Las siguientes dos páginas del libro de cifrar de Lincoln abordan la suma y la multiplicación compuesta, en la cual las cantidades consisten en denominaciones mixtas (no decimales).  Por ejemplo, la distancia se mide en millas, estadios, yardas, pies, pulgadas, etc.; los productos secos se miden en ‘bushels’ (fanegas), ‘pecks’ (cuartos de fanega), etc.; el viejo sistema monetario inglés usaba libras, chelines y peniques; y así.  En la América de los principios del siglo XIX, el ser capaz de realizar operaciones aritméticas en tales unidades compuestas era esencial para el comercio y la industria.  Y como la función principal de las escuelas era preparar a los niños para su futuro trabajo, esta era una parte importante del plan de estudios.

He aquí un problema para la medida seca elaborado por el joven Abe en su cuaderno; para resolver esto usted necesita saber que hay cuatro ‘pecks’ en un ‘bushel’, y ocho ‘bushels’ en un ‘quarter’: [19 quarters, 1 bushel, 1 peck] – [12 quarters, 7 bushels, 2 pecks] = [6 quarters, 1 bushel, 3 pecks].

Fue después de estos temas de aritmética simple y compuesta que un estudiante podría avanzar a la “regla de tres”.  Un texto de 1821 explica la “regla directa de tres” de la siguiente manera: “Enseña, por tres números dados, cómo encontrar un cuarto, en tal proporción al tercero como el segundo al primero”.  Por lo tanto, esto es lo que llamaríamos una razón, y nos lleva al álgebra básica.  [Por cierto, mis hijas, quienes fueron a la escuela en España, sabían exactamente qué era la regla de tres cuando se las mencioné; ¡se usan este término todavía en España al enseñar cómo resolver las razones!]

He aquí un problema que Lincoln resolvió en la sexta página de su libro de cifrar: “Si 3 onzas de plata cuestan 17 chelines, ¿cuánto costarían 48 onzas?  Calculó correctamente la solución de ser de 272 chelines, o de 13 libras y 12 chelines (había 20 chelines en una libra).

En la regla directa de tres, las proporciones están directamente relacionadas, es decir, se mueven en la misma dirección: más de una significa más de la otra.  También existía la regla inversa de tres, que implica una proporción inversa, donde más requiere menos y menos requiere más.

La séptima página del libro de cifrar de Lincoln trata sobre la “regla doble de tres”, en la que hay tres en lugar de solamente dos factores que varían.  He aquí uno de los problemas que resolvió: “Si 4 hombres en 5 días comen 7 libras de pan, ¿cuánto será suficiente para 16 hombres en 15 días?”; la respuesta, tal como la resolvió correctamente, es de 84 libras.

Aunque Lincoln más tarde afirmó que había aprendido a “leer, escribir y cifrar hasta la regla de tres; pero eso fue todo”, esto era una subestimación consciente o inconsciente de lo que realmente había aprendido.  Las últimas cuatro páginas de su libro de cifrar cubren los temas adicionales de interés simple, interés compuesto y descuento.  He aquí uno de los problemas de interés simple que el joven Abe resolvió correctamente: “¿cuál es el interés de £216 y 5 chelines por un año al 5½ por ciento anual?”  La respuesta es: £11, 17 chelines y 10½ peniques.

Aunque la educación formal de Lincoln fue definitivamente deficiente incluso para los estándares de su época, los temas y problemas en su libro de cifrar demuestran que aprendió tanto sobre matemáticas como algunos graduados de la escuela secundaria de hoy.  Lo hizo sin calculadoras, computadoras o incluso libros de texto.  Y lo más importante, como todos saben, nunca permitió que su falta de educación lo frenara.  En el primero de los relatos autobiográficos citados anteriormente, Lincoln pasó a explicar modestamente cómo continuó su educación a través del autoestudio durante el resto de su vida:

Él nunca estuvo en una universidad o academia como estudiante; y nunca dentro de un edificio universitario académico hasta que tenía una licencia de ley.  Lo que tiene relativo a la educación, ha recogido.  Después de cumplir los veintitrés años, y haberse separado de su padre, estudió gramática inglesa, imperfectamente por supuesto, pero para poder hablar y escribir tan bien como hace ahora.  Estudió y casi dominó los seis libros de Euclides, después de ser un miembro del Congreso.  Lamenta su falta de educación, y hace lo que pueda para suplir la falta.

En esto, como en tantas otras formas, Abraham Lincoln es un ejemplo para todos nosotros, ya sea que regresemos a un ambiente escolar formal este otoño o no.  Que todos hagamos un esfuerzo para “suplir la falta” en nuestra educación a lo largo de nuestras vidas.

Kevin J. Wood

el 5 de septiembre de 2018

El “discurso perdido” de Lincoln: ¿El mejor discurso de su vida?

Ud. ha oído hablar del discurso de Gettysburg de Abraham Lincoln, tal vez incluso lo ha memorizado.  También puede saber de su discurso “Casa dividida”, su discurso de Cooper Union y sus dos discursos inaugurales.  Sin embargo, algunos afirman que el mejor discurso de Lincoln no fue ninguno de estos, sino uno que Ud. nunca ha leído ni recitado, por la sencilla razón de que se perdió en la historia.

Se lo conoce simplemente como el “Discurso perdido”, y fue dado en Bloomington, IL el 29 de mayo de 1856 en un momento extremadamente tenso y tumultuoso.  Dos años antes, el gran debate sobre la esclavitud había estallado con mayor furia que nunca debido a la Ley Kansas-Nebraska del Senador Stephen Douglas.  Hasta ese momento, la esclavitud había sido contenida en solamente una parte del país con la esperanza, y la expectativa, de que algún día la nación podría librarse por completo de ella; ahora se permitiría que la esclavitud se extendiera hacia el oeste e incluso hacia el norte, y podría ser que nunca nos libremos de ella.

Esto provocó un reordenamiento completo del panorama político.  Las diferencias anteriores entre demócratas y whigs sobre otros temas pasaron a un segundo plano, ya que ahora la cuestión definitoria se convirtió en si uno estaba a favor o en contra del proyecto de ley de Douglas.  El Partido Whig pronto colapsó bajo el peso de la situación, y surgió un movimiento para reunir a todas las fuerzas “anti-Nebraska” – es decir, a todos aquellos que se oponían a la extensión de la esclavitud – en una sola fuerza política, si no en un partido político enteramente nuevo.

Para principios de 1856, un año de elecciones presidenciales, este movimiento se estaba fusionando bajo el nombre de “republicano”.  El nuevo partido celebraría su primera convención nacional a mediados de junio en Filadelfia para nombrar candidatos y adoptar una plataforma.  Asimismo, convenciones estatales fueron convocadas en muchos de los estados del norte; en Illinois, se decidió celebrar la convención en Bloomington el día 29 de mayo.

Durante la semana previa a la convención de Bloomington, las tensiones aumentaron repentinamente de manera significativa.  El senador Charles Sumner de Massachusetts fue brutalmente golpeado en el Senado por el congresista Preston Brooks de Carolina del Sur en represalia por un discurso de Sumner denunciando la Ley Kansas-Nebraska, en el que también se burló del primo de Brooks, el senador Andrew Butler; la indignación en el Norte fue clara y fuerte, mientras que en el Sur, Brooks fue elogiado.  Mientras tanto, en Kansas, la fortaleza antiesclavista de Lawrence fue saqueada por rufianes proesclavistas, y tres días después un grupo de hombres liderados por John Brown tomó represalias matando a cinco colonos proesclavistas al norte de Pottawatomie Creek; “El Kansas sangrante” estaba en plena marcha.  Y aquí mismo en Illinois, un redactor antiesclavista llamado Paul Selby, quien hubiera sido uno de los líderes de la convención de Bloomington, fue brutalmente atacado por simpatizantes proesclavistas y ahora estaba en casa recuperándose de sus lesiones.

En medio de toda esta tensión, la convención de Bloomington hizo su trabajo, escuchando discursos, nombrando candidatos y adoptando resoluciones.  Lincoln presidió el comité de nominaciones para los cargos estatales y fue nombrado un delegado a la venidera convención nacional – un honor que tendría que rechazar porque no tenía ni el tiempo ni el dinero para asistir – así como un elector en general a nivel estatal para la elección presidencial.  Pero lo pasaron por alto por lo que hubiera deseado más que nada: una oportunidad para dirigirse a la multitud.

Sin embargo, mientras la convención se acercó a su fin alrededor de las 17:30 horas, muchos de los delegados y visitantes no estaban de humor para irse, y una multitud de más de mil hombres se encontraba todavía en y alrededor de la sala.  Fue entonces cuando algunos de ellos comenzaron a pedir que Lincoln hablara.  Puede ser que solamente quisieran algunas de sus historias divertidas, pero lo que les dio en vez de esto fue un discurso emocionante de hora y media de duración.

La historia tradicional es que el discurso ‘se perdió’ porque los periodistas y otros estaban tan cautivados que dejaron de tomar notas.  William Herndon, amigo y socio de abogacía de Lincoln, afirmó que “intenté durante unos quince minutos … tomar notas, pero al final de ese tiempo tiré el lápiz y el papel y viví solamente en la inspiración de la hora.  Si el Sr. Lincoln medía seis pies con cuatro pulgadas de alto por lo general, en Bloomington ese día medía siete pies, y además fue inspirado.

Sin embargo, es igualmente probable que Lincoln y otros líderes del partido suprimieran deliberadamente la publicación de su discurso, dado que dirigió sus palabras a una multitud altamente partidista.  En un año electoral, no era el tipo de mensaje que habría sido políticamente conveniente compartir con una audiencia más amplia.

Pero esto no quiere decir que los periódicos, así como individuos, no informaron sobre el discurso de Lincoln.  Herndon lo llamó “lleno de fuego y energía y fuerza: era la lógica; era el pathos; era el entusiasmo; era la justicia, la equidad, la verdad y el correcto incendiado por los fuegos divinos de un alma enloquecida por el mal; era duro, pesado, nudoso, retorcido, respaldado por la ira”.  El redactor jefe ‘Long John’ Wentworth, del Chicago Democrat, informó que “Abraham Lincoln durante una hora y media mantuvo a la reunión hechizada por el poder de su argumento, la intensa ironía de su invectiva, la brillantez de su elocuencia.  No voy a estropear ninguna de sus bellas proporciones intentando siquiera una sinopsis de ello.

El único periódico que sí intentó una sinopsis parece ser el Alton Weekly Courier, el cual informó: “Abraham Lincoln, de Sangamon, llegó a la plataforma en medio de un aplauso ensordecedor.  Enumeró las razones apremiantes del movimiento actual.  Estaba aquí listo para fusionarse con cualquiera que se uniera a él para oponerse al poder esclavista; habló del ‘coco’ de la desunión que fue tan vagamente amenazado.  Era preciso recordar que la Unión debe ser preservada en la pureza de sus principios así como en la integridad de sus partes territoriales.  Debe ser ‘Libertad y unión, ahora y siempre, una e inseparable’.  El sentimiento a favor de la esclavitud blanca ahora prevalecía en todos los periódicos de los estados esclavistas, excepto en los de Kentucky, Tennessee, Missouri y Maryland.  Tal fue el progreso de la Democracia Nacional.  Douglas una vez afirmó en su contra que la democracia favorecía más que sus principios, los derechos individuales del hombre.  ¿No era extraño que él debe alzarse allí ahora para defender esos derechos contra su antiguo panegirista?  La Democracia negra se empeñaba en citar a Henry Clay para reconciliar a los antiguos whigs a su doctrina, y los pagaba con un elogio de golpe bajo, el de whigs nacionales.

El principal objetivo de Lincoln parece haber sido el de unir a todos los elementos dispares que entonces se unían en el nuevo Partido Republicano, inspirándoles a dejar de un lado sus diferencias y a comprometerse de todo corazón al movimiento para luchar contra la extensión de la esclavitud.  El poder esclavista cada vez más violento debe ser resistido, Kansas debe ser libre, los principios republicanos deben ser preservados y la Unión debe mantenerse.

A juicio de Elwell Crissey, quien escribió el libro definitivo sobre el discurso en 1967, titulado apropiadamente El discurso perdido de Lincoln [Lincoln’s Lost Speech], solamente dos breves citas se conservan sin lugar a dudas.  La primera llegó casi al principio, cuando Lincoln estaba respondiendo a un llamamiento alarmante hecho por James Emery de Kansas, el último orador de la convención, quien había llamado a hombres armados a irse a Kansas.  Lincoln instó a la moderación y a una estrategia diferente: “No, amigos míos, les diré lo que haremos.  Esperaremos hasta noviembre y luego les dispararemos papeletas de votación.”  Lincoln volvería a este tema de “votos, no balas” [“ballots, not bullets”] en discursos posteriores, incluyendo su mensaje del 4 de julio de 1861 al Congreso.  La segunda cita bien documentada llegó cerca del final, cuando Lincoln estaba hablando en contra del ‘fastidio’ de la disolución: “Decimos a nuestros hermanos del Sur: ‘¡No vamos a salir nosotros de la Unión, y Uds. no lo harán!’

Aunque el discurso original de Lincoln fue ‘perdido’, me complace informar que una audiencia en el “Festival de Lincoln en la Ruta 66” en esa misma ciudad de Bloomington experimentó una recreación de él el domingo pasado.  Así es, encontré todo lo que pude sobre él y reconstruí lo que creo que es un facsímil razonable, aunque abreviado a una media hora aproximadamente.  Con el material de introducción y conclusión, se hizo un lindo programa de una hora, lo cual ahora estoy ofreciendo a quien quiera verlo para que puedan decidir por sí mismos si realmente fue el mejor discurso de Lincoln de toda su vida.

Kevin J. Wood

el 28 de julio de 2018

El discurso de Gettysburg: Palabras memorables, hechos memorables

En esta fecha en 1863, Abraham Lincoln pronunció en Gettysburg, Pensilvania lo que se convertiría en su más famoso discurso, destinado a ser memorizado y/o recitado por innumerables escolares y otros.  Esto es sumamente irónico, teniendo en cuenta que las palabras en sí contienen las palabras: “El mundo apenas notará, ni por mucho tiempo recordará, lo que nosotros decimos aquí”.

Además, crecería en torno al discurso una historia mítica de cómo se produjo, a saber, que Lincoln lo escribió en el reverso de un sobre en el tren rumbo a Gettysburg.  Si bien es posible que Lincoln trabajara un poco en su discurso durante el viaje – a menudo continuó perfeccionando sus palabras hasta el momento de decirlas – probablemente había escrito la mayor parte antes de salir de Washington.

La costumbre de Lincoln era la de comenzar a componer grandes discursos varias semanas o incluso meses antes de tiempo, y de basarse en temas e ideas sobre los que había reflexionado durante un tiempo prolongado.  Aunque su discurso en el campo de batalla de Gettysburg sería corto – solamente “unos pocos comentarios apropiados” para dedicar un cementerio militar nacional – sería muy importante.  Durante los primeros dos años y medio de su presidencia, Lincoln había hablado en público fuera de Washington, DC en solamente tres ocasiones, cada una de ellas siendo espontánea y breve.  El discurso en Gettysburg sería su oportunidad de hablar al pueblo estadounidense sobre el significado de la Guerra Civil en el contexto del pasado, presente y futuro de la nación.  El presidente quería, y necesitaba, hacerlo bien.

Se encuentra una indicación de esto en la famosa línea de apertura de Lincoln.  A principios de aquel verano, en respuesta a una serenata tras de la noticia de la rendición confederada de Vicksburg, la cual había ocurrido justo después de la gran victoria unionista en Gettysburg, Lincoln había dicho: “¿Hace cuánto tiempo ha sido? – unos ochenta años – desde que el día cuatro de julio por primera vez en la historia del mundo una nación por sus representantes se reunió y declaró como una verdad evidente por sí misma que ‘todos los hombres son creados iguales’”.

Hablando en Gettysburg, esto de “unos ochenta años …” ahora se convirtió en:

Hace cuatro veintenas más siete años, nuestros padres hicieron nacer en este continente, a una nueva nación, concebida en libertad, y dedicada a la proposición que todos los hombres son creados iguales.

Después de esta mirada resumida hacia atrás al pasado – en concreto a la Declaración de Independencia y la fundación de nuestra nación sobre las bases de la libertad y la igualdad – Lincoln dirigió su atención al presente:

Ahora nos encontramos enfrentados en una gran guerra civil, poniendo a prueba si esa nación, o cualquiera así concebida y dedicada, puede perdurar mucho tiempo.

De hecho, los acontecimientos de las décadas anteriores sugerían que las naciones modernas establecidas como repúblicas o democracias estaban destinadas a fracasar.  Uno solamente tenía que mirar al centro y sur de América, donde una nación tras otra había logrado su independencia a principios del siglo XIX para luego caer en el caos y la inestabilidad política.  Nuestro vecino México era un excelente ejemplo, habiendo sido tomado por el emperador francés Napoleón III menos de dos años antes.

A continuación, Lincoln dirigió la atención de su audiencia al objetivo principal de la ceremonia aquel día: honrar a los soldados unionistas que habían hecho el sacrificio máximo durante la terrible batalla de los días 1 a 3 de julio:

Estamos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra.  Hemos venido a dedicar una parte de ese campo, como lugar de descanso final para aquellos que aquí dieron sus vidas para que esa nación pudiera vivir.  Es completamente apropiado y correcto que hagamos esto.

Pero en un sentido más amplio, nosotros no podemos dedicar – no podemos consagrar – no podemos santificar – este terreno.  Los hombres valientes, vivos y muertos, que aquí lucharon, lo han consagrado, mucho más allá de nuestro humilde poder de añadir o quitar.  El mundo apenas notará, ni por mucho tiempo recordará, lo que nosotros decimos aquí, pero nunca podrá olvidar lo que ellos hicieron aquí.

Ya sea que Lincoln realmente sintiera o no que sus palabras no serían recordadas – es probable que esto sea simplemente su moderación y humildad características – sin duda pensaba que las acciones de los soldados eran más importantes que sus propias palabras.  La guerra podría haber sido ganada sin las palabras de él, pero nunca se podría haber ganado sin las obras de los soldados.

Después de haber mirado al pasado y considerado el presente, Lincoln concluyó mirando al futuro: ¿cómo debemos responder nosotros, los que quedan?

Corresponde a nosotros los vivos, más bien, dedicarnos aquí a la obra inconclusa que aquellos que aquí lucharon han avanzado tan noblemente.  Corresponde más bien a nosotros dedicarnos aquí a la gran tarea que nos queda por delante – que de estos muertos honrados tomemos una mayor devoción a la causa por la que ellos dieron la última cuota de devoción – que resolvamos aquí firmemente que estos muertos no hayan muerto en vano – que esta nación, bajo la protección de Dios, experimente un nuevo nacimiento de la libertad – y que el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo no desaparezca de la tierra.

La esperanza de Lincoln de que tal y como tuvimos un nacimiento de la libertad en 1776 – “cuatro veintenas más siete años” antes – ahora, de algo tan terrible como una sangrienta guerra civil, podríamos tener un “nuevo nacimiento de la libertad”.  Y nuevamente le recordó a la gente que la lucha no era solamente por la supervivencia de la Unión, sino por la supervivencia de la democracia por todo el mundo: “que el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo no desaparezca de la tierra”.

Esa última frase no fue completamente de Lincoln; la mayoría de las personas que escucharon ese día habrían reconocido que estaba reformulando la famosa descripción del gobierno estadounidense por parte de Daniel Webster en 1830 como “el gobierno del pueblo, hecho para el pueblo, hecho por el pueblo y responsable ante el pueblo”.  Pero el fraseo más conciso de Lincoln ha contribuido a su impacto ahora universal.  Como un solo ejemplo, cuando el pueblo de Francia adoptó una nueva Constitución en 1958 para su Quinta República, incluyó la siguiente declaración: “El principio (de la República) será: gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.  [“Son principe est : gouvernement du peuple, par le peuple et pour le peuple.”]

Las palabras elocuentes y memorables de Lincoln en Gettysburg todavía viven hoy, más de 150 años después.  Si bien podían haber ayudado a despertar e inspirar a la gente de su época, no olvidemos que fueron los hechos valientes de los soldados lo que finalmente ganó la guerra y preservó la Unión.  Como se dice, después de todo, los hechos hablan más que las palabras, o como dice el lema del buque naval USS Gettysburg: “Hechos, No Palabras”.  Que recordemos las palabras de Lincoln y estemos dispuestos a hablar a favor de las causas de la libertad, la igualdad y la democracia en nuestros propios días, pero que recordemos también los hechos de los soldados y asimismo estemos dispuestos a actuar cuando se nos llama.

Kevin J. Wood

el 19 de noviembre de 2017

Abraham Lincoln, ¿‘supremacista’ blanco?

Mucho de lo que Abraham Lincoln dijo y escribió en su propio día todavía resuena con nosotros hoy día porque concuerda con nuestras ideas de libertad, igualdad, democracia, etc.  Pero luego hay esas pocas declaraciones inquietantes como la siguiente:

No tengo ningún objetivo de introducir la igualdad política y social entre la raza blanca y la negra.  Hay una diferencia física entre las dos, que a mi juicio probablemente prohibirá para siempre su convivencia sobre el fundamento de la igualdad perfecta, y en tanto que sea necesario que debe haber una diferencia, yo, así como el juez Douglas, soy en favor de que la raza a la que pertenezco tenga la posición superior.  Nunca he dicho nada en sentido contrario …

¿Es que esta declaración, hecha por Lincoln durante el primero de sus grandes debates con Stephen Douglas en 1858, la cual él repitió y defendió más tarde, significa que Lincoln era un supremacista blanco?

Para responder a esta pregunta, debemos considerar la declaración en sí y su contexto, así como la totalidad de los discursos y escritos de Lincoln.

En cuanto a la afirmación misma, el preferir que una raza ocupe una posición superior en la sociedad no es lo mismo que decir que esa raza es realmente superior en una cualidad en particular, y parecería no llegar a lo que hoy se quiere decir generalmente con “la supremacía blanca”.  Y veremos más adelante que cuando llegara el momento de comparar las razas, Lincoln hablaría más provisionalmente.

En cuanto al contexto, Lincoln intentaba derrocar a Douglas como uno de los dos senadores de Illinois en el Congreso de los EE.UU.  Era el candidato del recién formado Partido republicano, un grupo diverso de personas cuya causa unificadora era su oposición a la extensión de la esclavitud hasta las partes oeste y norte del país.  Algunos de los republicanos eran abolicionistas, abogando por la emancipación inmediata de los esclavos sin compensación a sus dueños, mientras que otros, como Lincoln, estaban más a favor de la emancipación gradual, voluntaria y compensada.

Douglas y los demócratas habían recurrido a argumentos incendiarios sobre la raza, sosteniendo que el “partido republicano negro” estaba a favor no solamente de la emancipación inmediata, sino también de la amalgamación, es decir, de mezclar las razas, incluso del matrimonio mixto.  La declaración de Lincoln citada anteriormente fue en respuesta a estas palabras provocativas de Douglas:

¿Desean … permitir que los negros libres fluyan hacia sus praderas y las cubran con asentamientos negros?  ¿Desean convertir este bello estado en una colonia de negros libres, para que cuando Missouri abola la esclavitud, pueda enviar cien mil esclavos emancipados a Illinois para convertirse en ciudadanos y votantes, en igualdad con ustedes mismos?  Si desean la ciudadanía negra, si desean permitirles entrar en el estado y establecerse con el hombre blanco, si desean que voten en igualdad con ustedes mismos, y hacerlos elegibles para los puestos del gobierno, para servir en los jurados y para adjudicar sus derechos, entonces apoyen al Sr. Lincoln y al Partido republicano negro.

En un estado como Illinois, que no permitía la esclavitud pero que también desalentaba mucho el asentamiento de los negros libres, esto encajaba bien.  Ningún abolicionista podría haber ganado una elección a nivel estatal en Illinois en ese momento, y un ‘amalgamacionista’ habría sido expulsado del pueblo, si no le habría ocurrido algo peor.  Lincoln, por lo tanto, quien no era ni abolicionista ni ‘amalgamacionista’, naturalmente se defendió contra este tipo de acusaciones.  De ahí, su declaración anterior y otras como: “No entiendo por qué el no querer que una mujer negra sea mi esclava significa que la debo querer como esposa.  A mi entender, puedo simplemente dejarla en paz.

Cuando Lincoln habló de una diferencia física entre las razas que “probablemente prohibirá para siempre su convivencia sobre el fundamento de la igualdad perfecta”, y de que una raza tenga una posición superior, es probable que era simplemente declarando lo que un repaso honesto de la historia del mundo le habría enseñado.  La historia está repleta de conflictos entre pueblos de distintas etnias, religiones, clases, etc., que inevitablemente parecen resultar en el dominio de un grupo sobre el otro; asimismo está casi desprovista de ejemplos de coexistencia pacífica y equitativa.  Por lo tanto, Lincoln concluyó muy racionalmente que “en tanto que sea necesario que debe haber una diferencia, yo … soy en favor de que la raza a la que pertenezco tenga la posición superior”.

¿Pero eso significaba que la raza negra debía servir a la raza blanca como esclavos?  Esa sería la conclusión de los líderes de la futura Confederación, expresada claramente por Alexander Stephens en su “Discurso de la piedra angular”.  Pero no fue la conclusión de Lincoln, quien siguió así:

… pero sostengo que a pesar de todo esto, no hay ninguna razón en el mundo por qué el negro no tiene derecho a todos los derechos naturales enumerados en la Declaración de la Independencia, el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.  Sostengo que tiene tanto derecho a estos como el hombre blanco.  Estoy de acuerdo con el juez Douglas en que él no es igual a mí en muchos aspectos – ciertamente no en color, quizás no en dotación moral o intelectual.  Pero en el derecho de comer el pan, sin permiso de nadie, que su propia mano gana trabajando, él es igual a mí e igual al juez Douglas, e igual a todo hombre viviente.

Como se ha mencionado anteriormente, vemos aquí que cuando Lincoln tuvo una clara oportunidad de defender la “supremacía blanca”, habló cautelosa- y tentativamente.  Únicamente podía decir definitivamente que la raza negra no era igual a la blanca en color, y simplemente que quizás no fuera igual en moralidad o inteligencia.

Pero, ¿a dónde le llevó este tipo de pensamiento a Lincoln en cuanto a encontrar una solución al “problema de las razas”?  Dado que la esclavitud no era una solución aceptable, y el ​​vivir juntos en igualdad parecía una imposibilidad, Lincoln, siguiendo a Henry Clay y otros, fue llevado a concluir que la mejor solución era la colonización: enviar a los esclavos y a los negros libres a alguna parte para vivir, donde podían gobernarse ellos mismos.  Esto podría ser un regreso a África, o podría ser una nueva colonia en algún lugar de América central o América del Sur o el Caribe.  Para Lincoln, solamente esto sería realmente coherente con el ideal americano del autogobierno.  Como había dicho en un discurso algunos años antes: “Cuando el hombre blanco se gobierna a sí mismo, eso es el autogobierno; pero cuando se gobierna a sí mismo, y también gobierna a otro hombre, eso es más que el autogobierno – eso es el despotismo.

La colonización permitiría que el negro se gobernara a sí mismo, y Lincoln se aferraría obstinadamente a ella hasta bien entrada en su presidencia.  Afortunadamente, sin embargo, era un hombre que era lo suficientemente humilde para cambiar sus puntos de vista; como escribió a Horace Greeley sobre el tema de la emancipación: “Intentaré corregir errores cuando se demuestre que son errores; y adoptaré nuevos puntos de vista tan rápidamente como parecerán ser verdaderos puntos de vista”.  Sorprendentemente, fueron Frederick Douglass y otros líderes negros quienes finalmente convencieron a Lincoln de que la colonización no era una solución viable, por lo que volvió su atención a averiguar cómo las dos razas podrían vivir la una al lado de la otra.  En su último discurso, por ejemplo, pronunciado solamente tres días antes de su asesinato, abogó públicamente por primera vez por dar el derecho a votar, y por lo tanto también la ciudadanía, a por lo menos ciertos de los negros.

Para entonces, Lincoln sin duda había renunciado también a cualquier idea que pudiera haber tenido sobre la inferioridad de la raza negra.  Frederick Douglass, quien habló de la guerra y de la emancipación con Lincoln en al menos dos ocasiones en la Casa Blanca, señaló que fue recibido con dignidad, “así como usted ha visto a un caballero recibir a otro … Nunca se me hicieron sentir cómodo más rápidamente o más completamente en la presencia de un gran hombre”.  Más tarde Lincoln llamaría a Douglass su amigo, y muchos años más tarde Douglass escribiría en sus memorias: “El Sr. Lincoln no solamente era un gran presidente, sino un gran hombre – demasiado grande para ser pequeño en cualquier cosa.  En su compañía nunca me recordé de mi origen humilde, ni de mi color impopular.

¿Abraham Lincoln, supremacista blanco?  Tal vez lo era en algún momento de su vida, en un sentido limitado, pero sería mucho más preciso considerarlo como un “supremacista humano”, alguien que creía en y trataba de elevar a toda la humanidad a alcanzar su potencial inherente y dada por Dios.

Kevin J. Wood

el 17 de agosto de 2017

El elogio de Lincoln sobre el presidente Taylor: Un ejemplo para otros, el propio Lincoln incluido

Fue en esta fecha – el 25 de julio – en el año 1850 que Abraham Lincoln pronunció en Chicago un elogio sobre el presidente Zachary Taylor, quien había fallecido dos semanas antes a los 65 años, habiendo cumplido solamente un año y cuatro meses de su mandato.

La elección de Lincoln para esta tarea era comprensible, ya que había hecho campaña en favor de Taylor en 1848 después de su propio y único término en el Congreso de los EE.UU.  Sin embargo, también parece algo irónica dada algunas de las grandes diferencias entre la vida de Taylor y la suya.  Hasta que Taylor fue reclutado por el partido de los Whigs para presentarse para la presidencia, por ejemplo, expresó poco interés en la política y sostenía creencias políticas vagas.  Lincoln, por el contrario, había estado intrigado por la política desde que fue un joven adulto y tenía creencias muy definidas.

Aún más llamativa era la diferencia en sus carreras militares.  Una gran parte del elogio de Lincoln sobre Taylor cubrió su larga y distinguida carrera como oficial del ejército, desde la Guerra de 1812 hasta las guerras contra los indios y finalmente la Guerra mexicano-americana, en la que siendo mayor general se convirtió en un héroe nacional.  El servicio militar del propio Lincoln consistió en tres meses sin incidentes siendo un joven en la Guerra de Halcón Negro, una experiencia que una vez describió en broma como sigue: “Tenía muchas luchas sangrientas con los mosquitos”.  De hecho, el congresista Lincoln se había opuesto a la iniciación de la guerra con México, viéndola como una toma de tierra injustificada por el presidente Polk con el único objetivo de reclamar más territorio para la expansión de la esclavitud.

Mientras hablaba extensamente sobre los logros militares del General Taylor, la recitación de Lincoln era en su mayoría simple y factual, pero se permitió una cierta licencia poética al hablar de un momento tenso a principios de la Guerra mexicano-americana.  El general y sus hombres trataban desesperadamente de alcanzar a una fortaleza en el Río Grande (cerca de la moderna Brownsville), la cual estaba siendo asediada, sin saber si sus compatriotas dentro estaban muertos o vivos, y los que estaban dentro igualmente temiéndose por los que estaban fuera.  Lincoln concluyó la escena de la siguiente manera:

Y ahora el estruendo de la batalla se acerca a la fortaleza y pasa rápida- y oblicuamente; un resplandor de esperanza vuela entre los pocos que hay, mitad presos; vuelan a la pared; cada ojo se fatiga – es – es – ¡las estrellas y las barras están todavía en lo alto!  En seguida se encuentran los hermanos ansiosos; y mientras que una mano golpea otra mano, los cielos se rasgan con un grito alto, largo, glorioso y efusivo de ¡victoria! ¡¡victoria!! ¡¡¡victoria!!!

Más tarde, cuando habló de la batalla final del general Taylor, contra el gran Santa Anna en Buena Vista, en profundo territorio mexicano, superado por tres o cuatro a uno, Lincoln recordó la aprehensión que sentían los en los Estados Unidos, temiendo lo peor.  Cuando finalmente llegó la verdad, era de “gloria y dolor.  Una página radiante y brillante se añadió a la historia de nuestra nación; pero también, en un silencio eterno, yacían Clay, y McKee, y Yell, y Lincoln y nuestro querido Hardin” (estos nombres siendo algunos de los oficiales militares fallecidos en Buena Vista, incluyendo el hijo de Henry Clay, Henry Clay, Jr; el amigo de Lincoln, John J. Hardin; y curiosamente, un oficial llamado George Lincoln, aparentemente sin ninguna relación).

Mientras que toda esta historia militar revela una gran diferencia entre las vidas de Taylor y de Lincoln, sin embargo, el elogio de Lincoln también sugiere algunas cosas en común entre los dos hombres.  Ambos fueron moldeados, por ejemplo, por haber pasado sus primeros años en la frontera de Kentucky.  Tal vez lo más interesante de todo, los rasgos de carácter, las ambiciones, las prioridades, etc. que Lincoln exalta en Taylor son aquellos que fácilmente se aplicarían al propio Lincoln.  Y son los mismos que Lincoln apreciaría más tarde en otros cuando tuviera su segundo puesto militar, el de Comandante en Jefe, en particular en hombres como el General Grant.  Lincoln podría haber estado pronunciando el elogio que esperaba que otros pronunciaran sobre su propia vida cuando su propio tiempo llegara para salir de este mundo.

Las siguientes palabras, por ejemplo, podrían expresar con la misma facilidad los sentimientos que Lincoln tendría hacia Grant 15 años después:

Las batallas del general Taylor no se distinguieron por brillantes maniobras militares; pero en todo parece más bien haber conquistado por el ejercicio de un juicio sobrio y firme, junto con una obstinada incapacidad para comprender que la derrota era posible.  Su rasgo militar más raro era una combinación de negativos – ausencia de emoción y ausencia de miedo.  No podía estar aturdido, y no podía estar asustado.

Lincoln también tomó tiempo para relacionar cuidadosamente un incidente notable que demostró que Taylor tenía una aversión a buscar venganza.  Durante la Guerra mexicano-americana, el coronel William Worth, muy ofendido cuando Taylor eligió a otro oficial en vez de él, regresó a Washington para presentar su renuncia, donde “en su apasionado sentimiento, no dudó en hablar con dureza y desprecio del general Taylor.  Era un oficial del más alto carácter; y su palabra, sobre temas militares y sobre hombres militares, no podía ser pasado por alto por los de su país.”

Sin embargo, Worth pronto lamentó sus palabras y acciones, y su renuncia habiendo sido rechazada, volvió al campo de batalla, donde, cuenta Lincoln:

Entonces vino la oportunidad del General Taylor para vengarse.  La batalla de Monterrey se acercaba, e incluso estaba a punto de comenzar.  Taylor podría si quisiera, ubicar a Worth en esa batalla, para que su nombre apenas se notaría en el informe.  Pero no.  Sentía que era debido al servicio, el asignar el verdadero puesto de honor a alguno de los mejores oficiales; sabía que Worth era uno de los mejores, y sentía que era generoso permitirle, entonces y allí, recuperar su pérdida secreta.  En consecuencia, asignó al coronel Worth en ese asalto, lo que era por excelencia, el puesto de honor; y cuyos deberes este ejecutó tan bien y tan brillantemente como para eclipsar en aquella batalla hasta al propio general Taylor.

Para cualquiera que esté familiarizado con la vida y la carrera de Lincoln, estas palabras recordarán inmediatamente algunos de los incidentes notables cuando él también rehusaría guardar rencores contra los que le hicieron daño o hablaron mal de él, incluso nombrándolos a puestos de honor para el bien del país si sentía que eran las mejores personas para el trabajo.  El caso de Edwin Stanton es solamente un ejemplo de esto.

Teniendo en cuenta que la carrera política de Taylor fue bastante corta y también reciente, el elogio de Lincoln es comprensiblemente breve en este punto, señalando que “los incidentes de su administración hasta el momento de su muerte, son demasiado conocidos y demasiado frescos para requerir cualquier repetición directa”.  Estaba más preocupado por el efecto que la muerte del presidente tendría políticamente en el país, pero pidió confianza en Dios en este asunto:

Me temo que en cuanto a la única gran cuestión del día [la esclavitud], no es ahora tan probable que sea aceptada parcialmente por las diferentes secciones de la Unión, como habría sido, si la vida del general Taylor hubiera sido perdonado para nosotros.  Sin embargo, bajo todas las circunstancias, confiando en nuestro Hacedor, y por medio de su sabiduría y beneficencia, en el gran cuerpo de nuestro pueblo, no nos desesperaremos ni desanimaremos.

Lincoln sostuvo que Taylor sería recordado por “su devoción a su deber, sin ostentación, abnegada, duradera de largo tiempo”, y moralizó que esto debe servir como ejemplo a los jóvenes americanos “que el andar el camino duro del deber, como lo andaba él, será notado, y conducirá a lugares altos”.

Lincoln concluyó sus pensamientos sobre la vida de Taylor como sigue, incluyendo una cita de los evangelios y otra de un himno de Isaac Watts:

Pero se ha ido.  El conquistador finalmente es conquistado.  El fruto de su trabajo, su nombre, su memoria y su ejemplo, son todo lo que nos queda – su ejemplo, verificando la gran verdad, que “el que se humille, será ensalzado”, enseñando que el servir a la patria con una resolución total, asegura la gratitud de ese país, asegura sus mejores honores, y hace “una cama moribunda, suave como almohadas de plumas”.

Pero Lincoln no había terminado por completo, notando que la muerte de una persona tan grande y conocida inevitablemente recuerda a todas las personas de su propia mortalidad.  Luego terminó su elogio citando varias estrofas de su poema favorito, “Oh, ¿por qué debería el espíritu del hombre mortal ser orgulloso” por William Knox, sobre la brevedad y la incertidumbre de la vida, terminando con la estrofa final:

Es el guiño de un ojo, es el corriente de un respiro,

Desde las flores de la salud, hasta la palidez de la muerte.

Desde el salón dorado, hasta el féretro y el sudario.

¡Oh, por qué debería el espíritu del hombre mortal ser orgulloso!

Leer el elogio de Lincoln sobre el presidente Taylor, y compararlo con la manera en que Lincoln vivió su propia vida, sugiere que él trató de emular las características positivas de aquellos a quienes admiraba.  Podríamos hacer bien en hacer lo mismo, comenzando con el ejemplo del propio Lincoln.

Kevin J. Wood

el 25 de julio de 2017

Acerca del sacrificio y del sufrimiento: El anticipo de Lincoln del Día de Conmemoración a los Caídos

Nuestra fiesta nacional del Día de Conmemoración a los Caídos, en la que recordamos a los que dieron su vida mientras servían en nuestras fuerzas armadas, tuvo sus orígenes en las secuelas de la Guerra Civil.  En aquel entonces se llamaba el Día de la Decoración, así nombrado porque personas tanto en el Norte como en el Sur decoraban las tumbas de los soldados con flores.

La observancia de tal día sirve para honrar la memoria de quienes hicieron el sacrificio supremo, pero también sirve para expresar nuestras condolencias y gratitud a los que quedan atrás: los miembros de la familia y los amigos que han sufrido la terrible pérdida de un ser querido.

Abraham Lincoln tuvo la ocasión trágica de demostrar esto a finales de mayo de 1861, con la Guerra Civil apenas en marcha y mucho antes del establecimiento de cualquier día recordatorio oficial.

Los Lincoln contaron entre sus amigos a un joven del estado de Nueva York llamado Elmer Ellsworth.  Ellsworth se había trasladado a Illinois a mediados de la década de los 1850 cuando tenía 17 años, finalmente estableciéndose en Springfield en 1860 para unirse a la oficina de Lincoln como un asistente jurídico y continuar su estudio de la ley.  Más tarde hizo campaña para Lincoln en la elección presidencial de 1860 y luego ayudó a administrar el viaje del Presidente electo a Washington.  Se convirtió en un amigo cercano de toda la familia, y casi como otro hijo para Lincoln.

Después de que los confederados tomaron posesión de Fort Sumter en Carolina del Sur a mediados de abril de 1861, Lincoln pidió el reclutamiento de 75.000 soldados voluntarios para sofocar la rebelión.  Su joven amigo Ellsworth fue uno de los primeros en unirse a la causa, viajando a la Ciudad de Nueva York para levantar el 11º Regimiento de Infantería Voluntaria de Nueva York entre las compañías voluntarias de bomberos de esa ciudad.  A continuación, Ellsworth volvió a Washington como el coronel de estos famosos “Zoavos de fuego”, quienes pronto fueron enviados al otro lado del río Potomac para ocupar Alexandria, Virginia.  Eran las primeras tropas unionistas en ocupar territorio confederado, y lograron esta tarea con poca dificultad a excepción de un solo incidente terriblemente trágico.  Había una gran bandera confederada encima de la Casa Marshall, una pequeña posada, que durante semanas había sido visible desde Washington, incluso desde la oficina de Lincoln en la Casa Blanca.  El joven Ellsworth entró en la posada con varios de sus hombres y él mismo subió arriba para quitar la bandera.  En el camino de regreso por las escaleras, el posadero le disparó y lo mató.

Lincoln se afligió por su joven amigo como si este hubiera sido su propio hijo, y al día siguiente escribió una carta de condolencia a sus padres, Ephraim y Phoebe Ellsworth.  El Presidente no lo sabía en ese momento, pero esta sería solamente una de varios cientos de cartas de condolencia que escribiría a afligidos padres, hijos, hermanos y otros parientes y amigos durante los próximos cuatro años.

Washington, D.C. – el 25 de mayo de 1861

Al Padre y a la Madre del Coronel Elmer E. Ellsworth:

Mi querido señor y querida señora,

En la pérdida prematura de su noble hijo, nuestra aflicción aquí, es apenas menos que la suya.  Tanta utilidad prometida a su país, y tantas esperanzas brillantes para uno mismo y sus amigos, rara vez han sido tan repentinamente despedazadas, como en su caída.  En tamaño, en años y en apariencia juvenil, solamente un muchacho, su poder de mandar a los hombres era extraordinariamente grande.  Este poder, combinado con un buen intelecto, una energía indomable y un gusto completamente militar, constituyeron en él, a mi juicio, el mejor talento natural, en esa área, que yo jamás conocía.  Sin embargo, era singularmente modesto y respetuoso en las relaciones sociales.  Mi relación con él comenzó hace menos de dos años; sin embargo, durante la segunda mitad del siguiente período, fue tan íntima como la disparidad de nuestras edades, y mis compromisos engorrosos, la permitirían.  A mí, no parecía tener ninguna indulgencia ni pasatiempo; y nunca le oí pronunciar ninguna palabra profana o desmedida.  Lo que era concluyente de su buen corazón, nunca olvidaba a sus padres.  Los honores por los que trabajó tan loablemente, y, en el triste final, tan galantemente dio su vida, los tenía pensado para ellos, no menos que para sí mismo.

Con la esperanza de que no sea una intrusión en la santidad de su pena, me he atrevido a dirigirles este homenaje a la memoria de mi joven amigo y de su valiente y temprano caído hijo.

Que Dios les dé ese consuelo que está más allá de todo poder terrenal.  Sinceramente su amigo en una aflicción común –

A. Lincoln

A petición de Lincoln, el cuerpo de Elmer Ellsworth, uno de los primeros mártires por la causa de la Unión, fue llevado por una guardia de honor a la Casa Blanca y quedó expuesto al público en la Sala Este.  Su muerte serviría como un grito de guerra en el Norte durante las próximas semanas y meses, pero esto no disminuiría la intensidad de la gran sensación de pérdida de la familia Lincoln.  Sería un recordatorio, sin embargo, de que el precio de la paz es a menudo muy costoso, requiriendo sacrificios y sufrimiento de parte de los miembros de nuestras fuerzas armadas y de sus familias y amigos.

Kevin J. Wood

el 28 de mayo de 2017

Un presidente electo a una nación dividida: ¡Sean amables y haced el bien!

Durante y después de las elecciones presidenciales más vitriólicas y divisivas que los Estados Unidos ha experimentado en los últimos años, sin duda usted ha oído comentarios tales como “nuestra nación nunca ha estado tan dividida”.  ¡¿De verdad?!  Como cualquiera de los cuatro candidatos principales que se enfrentaron el 6 de noviembre de 1860 podría concluir – cada uno de los cuales recibió por lo menos una octava parte del voto popular, – ¡esto realmente significa que nuestra nación nunca ha sido tan ignorante de su propia historia!

Sabe usted, por supuesto, que Abraham Lincoln ganó esa elección.  Pero, ¿sabe que recibió sólo el 40% del voto popular, y que no ganó ni un solo estado en el sur?  Como resultado, la elección sirvió para fracturar aún más a una nación ya dividida.  No solamente existía la gran división en general entre los estados libres del norte y los estados esclavistas del sur, pero también había divisiones importantes dentro de cada una de esas regiones, sobre todo acerca de cómo responder a la crisis del momento, en medio de gritos crecientes para la desunión e incluso para una guerra civil.

¿Cómo reaccionó el inexperto y no tan popular Presidente electo en 1860? Lo hizo con muchísimo cuidado, buscando la coherencia y no cediendo para nada en principios fundamentales, a la vez intentando no provocar a nadie a ninguna acción impetuosa y apelando a la unidad.

Hubo repetidas llamadas para que Lincoln hiciera declaraciones públicas sobre sus intenciones.  A éstas, se negó obstinadamente a responder, diciéndole a la gente que solamente necesitaban referirse a sus declaraciones anteriores y al programa sobre el cual había sido elegido; a todo esto sería fiel (lo más importante, que no interferiría con la esclavitud en los estados del sur donde ya existía, pero sí se opondría a su extensión en los territorios occidentales y en el norte).

Como escribió en una carta privada cuatro días después de la elección, “Me siento obligado, por el momento, al menos, a no hacer ninguna declaración para el público.  En primer lugar, no podría decir nada que no he dicho ya, y que ha sido publicado y está disponible para la inspección de todos.  Insistir en una repetición de esto a aquellos que sí han escuchado, es inútil; presionarla a aquellos que se han negado a escuchar, y siguen negándose, carecería de respeto por sí mismo, y tendría una apariencia de adulación y timidez, que excitaría el desprecio de los hombres buenos, y animaría a los malos a clamar aún más ruidosamente.

Diez días más tarde, tuvo lugar en Springfield una celebración de la victoria republicana.  Cuando un desfile de fieles republicanos pasó por la casa de Lincoln en camino a la celebración, el Presidente electo se dirigió a ellos.  Les agradeció su apoyo, pero también les advirtió a no hablar mal de sus oponentes, buscando en su lugar la unidad:

Amigos y conciudadanos: Les ruego que me eximáis, por favor, en esta ocasión, de hacer un discurso.  Les agradezco la amabilidad y el elogio de esta visita.  Les agradezco a ustedes, al igual que a todos los demás, quienes han considerado oportuno, por sus votos, a respaldar la causa republicana.  Me regocijo con ustedes por el éxito que hasta ahora ha acompañado esa causa.  Sin embargo, en todo nuestro regocijo no expresemos, ni apreciemos, ningún sentimiento áspero hacia ningún ciudadano que, por su voto, haya discrepado con nosotros.  Recordemos en todo momento que todos los ciudadanos americanos son hermanos de un país común, y deben morar juntos en los lazos del sentimiento fraternal.

Al día siguiente, durante un viaje a Chicago para reunirse con el Vice Presidente electo Hannibal Hamlin y otros, repitió el mismo tema a través de un cuento al dirigirse a una multitud en el bastión republicano de Bloomington:

Pienso mucho en la gente, de la misma manera en que un viejo amigo dijo que pensaba en las mujeres.  Dijo que cuando perdió a su primera esposa, quien había sido de gran ayuda para él en su negocio, pensó que estaba arruinado – que nunca podría encontrar otra para ocupar su lugar.  Finalmente, sin embargo, se casó con otra, y descubrió que ella hizo igual de bien que la primera, y que su opinión ahora era que cualquier mujer haría bien si a ella se le hace bien.  Pienso igual de toda la gente de esta nación – ellos harán siempre bien si se les hacen bien a ellos.  Intentaremos hacerlo bien a ellos en todas partes del país, Norte y Sur, con la plena confianza de que todo irá bien con todos nosotros.

El deseo de Lincoln por la unidad, sin embargo, no lo llevaría a vacilar en sus promesas como candidato.  Escribió a varios líderes políticos en las semanas siguientes a la elección para instarlos a hacer lo mismo, como esta nota al senador Lyman Trumbull:

Mi querido señor: Que no haya compromiso ninguno sobre la cuestión de extender la esclavitud.  Si lo hay, todo nuestro trabajo se pierde, y, antes de mucho tiempo, debe hacerse de nuevo.  El terreno peligroso – aquel en el que algunos de nuestros amigos tienen ganas de correr – es la Soberanía Popular [dejar que la gente de cada estado vote si se permite la esclavitud en su estado].  No tenga nada de esto.  Mantente firme.  El tirón tiene que venir, y mejor ahora, que en cualquier momento en adelante.

Estos mismos temas – un mensaje consistente y no ceder en principios fundamentales, mientras también intentando no provocar a nadie y apelando a la unidad – serían repetidos por Lincoln en determinadas ocasiones en los próximos meses.  Y todos serían plenamente desarrollados cuando él finalmente podría dirigirse al pueblo como su nuevo Presidente en su primer discurso inaugural.

En última instancia, Lincoln no sería capaz de prevenir la Guerra Civil, por supuesto, en gran parte porque una mayoría en el Sur rechazó su mensaje conciliador.  Pero de alguna manera encontraría una manera de mantener al fracturado Norte lo suficientemente unido durante los próximos cuatro años para aguantar la guerra hasta su fin.  Y eso produciría no solamente la preservación de la Unión, sino también la abolición de la esclavitud.

En nuestra propia nación dividida de hoy, tal vez nuestra mejor esperanza sea orar para que nuestro recién elegido Presidente “haga bien a la gente”, lo que podría ayudar mucho a la gente a “morar juntos en los lazos del sentimiento fraternal” una vez más.

LinkedIn-LogoSquareKevin J. Wood

el 16 de noviembre de 2016

La convención de Cleveland (de 1864): Republicanos descontentos nominan a un descarado autopromotor

Las cosas no le iban muy bien al presidente Abraham Lincoln en la primavera de 1864.  La Guerra Civil se había prolongado durante tres años, sin final a la vista.  La población del norte, ya muy cansada de la guerra, estaba horrorizada por las fuertes pérdidas del General Grant a principios de mayo en la ‘Batalla de la espesura’ y por la posibilidad de la continuación de tales pérdidas en una sangrienta guerra de desgaste.

Además, el Partido Republicano no apoyaba a Lincoln de manera unánime.  Los llamados ‘republicanos radicales’ estaban especialmente interesados en encontrar un candidato alternativo para la elección presidencial de 1864.  Estos firmes abolicionistas no creían que Lincoln estuviera actuando lo suficientemente rápido en el tema de la emancipación, y pensaban que su plan de reunificación con el Sur tras la guerra era demasiado conciliador.  Salmon Chase, el ambicioso Secretario del Tesoro de Lincoln, había sido la primera opción de los republicanos radicales para reemplazar a Lincoln, pero este plan se vio frustrado a principios de la primavera cuando se expuso la duplicidad de Chase.

Una vez que Chase ya no era una opción, pronto se hizo evidente que Lincoln tenía el apoyo suficiente para ser nominado de nuevo en la convención republicana prevista para principios de junio en Baltimore (en la convención, el partido sería rebautizado el “Partido Nacional Unionista, debido a la inclusión de algunos de los demócratas que apoyaban la guerra).  Sin tiempo que perder, una facción disidente de unos cuatrocientos republicanos radicales celebró una convención alternativa el día 31 de mayo con el fin de nominar a otro candidato más a su gusto.  Optaron por John C. Frémont, el famoso explorador del occidente de EE.UU. (el “Encuentracaminos”), el candidato presidencial republicano en 1856 (cuando fue derrotado por el demócrata James Buchanan) y un general de la Guerra Civil.  El nuevo partido fue apodado el “Partido de la Democracia Radical”.

Cuando le informaron a Lincoln de los resultados de esta convención alternativa, tomó su Biblia del escritorio y empezó a buscar un pasaje en particular, el cual pronto encontró.  Entonces leyó en voz alta de 1 Samuel 22 – es decir, “Primero de Samuel” –  el relato de David y la compañía de hombres que se unió a él en una cueva cuando lo perseguía el rey Saúl.  El pasaje concluye como sigue: “Y todo el que estaba en apuros, y todo el que estaba endeudado y todo el que estaba descontento se unió a él, y él vino a ser jefe sobre ellos; y había con él unos cuatrocientos hombres”.

Sin decir nada más, Lincoln había aportado su opinión de los cuatrocientos hombres quienes se habían unido a Frémont, concretamente que eran unos descontentos desesperados.  La revista Harper’s Weekly parecía estar de acuerdo, observando que la convención “era el trabajo en parte de hombres enojados e intrigantes, en parte de hombres impracticables.”  Por cierto, esta convención de republicanos descontentos que querían derrocar el “establecimiento” (la clase dirigente) – Lincoln en particular, pero también el Secretario de Estado William Seward y otros – tuvo lugar en Cleveland, Ohio.

Su candidato, John C. Frémont, ha sido descrito como, entre otras cosas: polémico, impetuoso, contradictorio y un descarado autopromotor.  Adquirió inmensas riquezas, pero también experimentó espectaculares fracasos de negocios y fue objeto de muchos pleitos.  Antes de unirse al nuevo Partido Republicano, había estado más alineado con los demócratas, habiéndose casado con la hija del poderoso senador demócrata Thomas Hart Benton de Missouri.  Benton y Frémont lucharon juntos por la doctrina del “Destino manifiesto”, el movimiento expansionista que podría, igual de fácilmente, haberse llamado “América (EE.UU.) primero”.

Ah, y a Frémont no le gustaban los mexicanos, de haber luchado contra ellos en la Guerra méxico-americana.  En un incidente infame en California, Kit Carson preguntó a Frémont si tres mexicanos desarmados debían ser tomados presos, y Fremont respondió: “No tengo sitio para presos.”  El posterior asesinato de los tres hombres, todos miembros de respetadas familias, fue ampliamente difundido durante la campaña presidencial de 1856, dañando la imagen de Frémont.  No fue de mucha ayuda el hecho de que Frémont también hubiera sido condenado una vez por rebelión, desobediencia y mala conducta militar por haberse proclamado a sí mismo gobernador militar de California (estos cargos fueron conmutados posteriormente por una baja deshonrosa).  Tal vez no es de extrañar que años más tarde, durante la Guerra Civil, el general Frémont fuera acusado de actuar de manera autocrática y finalmente fuera despedido por Lincoln por insubordinación – entre otras cosas, por emancipar unilateralmente a los esclavos en su jurisdicción (esto mucho antes de la proclamación de emancipación de Lincoln) – y por asuntos de corrupción en la adquisición de suministros.

Que conste que todo esto no quiere decir que Frémont no tuviera sus puntos buenos, ni que cierto candidato más reciente no tenga sus propios puntos buenos.  Es simplemente que los puntos mencionados parecen ser particularmente intrigantes.

Por cierto, Fremont abandonó su campaña en septiembre de 1864, cuando las posibilidades de Lincoln mejoraron repentinamente tras la caída de Atlanta.  Pero fiel a su costumbre, lo hizo de una manera que le permitió vengarse de un enemigo político, pues Lincoln aceptó a regañadientes despedir al Ministro de Correos, Montgomery Blair.  Quitado de en medio a Frémont, Lincoln derrotó con facilidad a otro famoso general de la Guerra Civil, George B. McClellan, para convertirse en el primer presidente en ser reelegido en más de treinta años.

LinkedIn-LogoSquareKevin J. Wood

el 20 de julio de 2016

El ‘sentido de caballo’ (sentido común): Abraham Lincoln como cuentacuentos, 2ª parte

En mi último artículo de blog, compartí una de las muchas historias contadas por Abraham Lincoln.  Aquella historia trató sobre un perro, pero el animal que fue objeto de un gran número de historias y chistes de Lincoln fue el caballo, de vital importancia en la América del siglo XIX.

De hecho, la importancia del caballo se revela en uno de los chistes de Lincoln.  En marzo de 1863, el famoso batallón confederado conocido como los Comandos (‘Rangers’) de Mosby realizó una incursión en Fairfax, Virginia y capturó un general de brigada de la Unión, dos capitanes y numerosos soldados y caballos.  Al conocer la noticia, el presidente supuestamente comentó: “Bueno, siento lo de los caballos.”  Luego explicó: “Puedo crear un general de brigada en cinco minutos, pero no es fácil reemplazar ciento diez caballos”.

Aquí tienen algunas otras historias y chistes en los que Lincoln exhibió su peculiar y propio ‘sentido de caballo’ (sentido común):

Trueque de caballos: Cuando Lincoln era un joven abogado en Illinois, empezó a bromear con un juez acerca de hacer un trueque de caballos.  Finalmente acordaron hacerlo en un lugar y hora predeterminados, estipulando que los caballos no se verían antes y si cualquiera de los dos hombres se echara atrás del trueque en ese momento tendría que pagar $25.  En el lugar y hora señalados, el juez apareció con el caballo de aspecto más lamentable jamás visto en esa zona.  Pronto la multitud estalló en risas cuando Lincoln llegó portando un caballete de madera (‘sawhorse’) sobre los hombros.  La risa solo creció cuando Lincoln, después de examinar el caballo del juez, dejó el caballete en el suelo y exclamó: “Bueno, señor juez, esta es la primera vez que he recibido la peor parte en un trueque de caballos.”

Castaño de caballo: Durante el primer debate entre Lincoln y Stephen Douglas, en Ottawa, Lincoln acusó a Douglas de distorsionar su postura a través de “un arreglo engañoso y fantástico de las palabras, por el cual un hombre puede mostrar que un castaño de caballo (‘horse chestnut’) es un caballo de pelo castaño (‘chestnut horse’)”.  [El ‘castaño de caballo’ es una especie de árbol conocida normalmente en español como castaño de Indias o falso castaño.]

Los fatigados caballos de McClellan: Aunque el general George B. McClellan demostró ser un buenísimo organizador de las tropas, exasperó a Lincoln y a muchos otros con su reticencia a enfrentarse en combate con los confederados.  Cuando McClellan dio la excusa de que no podía actuar porque la mitad de sus caballos estaban fatigados, cojos, enfermos, desnutridos, etc., y esto más de un mes después del último combate, Lincoln le envió un telegrama algo sarcástico preguntando: “¿Me perdonará por preguntar qué es lo que los caballos de su ejército han hecho desde la batalla de Antietam que fatigue en cualquier aspecto?”

El caballo como jinete: Unos meses antes, McClellan había escrito una carta a Lincoln ofreciéndole consejos sobre cómo llevar a cabo los asuntos de la nación.  Lincoln no respondió directamente a McClellan, pero supuestamente comentó que le hizo pensar en el hombre cuyo caballo levantó una pata y la introdujo en el estribo; el hombre dijo al caballo, “Si vas a subirte, entonces yo me bajaré.”  Lincoln no tenía ninguna intención de ‘bajarse’, pero quería que McClellan entendiera que era solo un general, no un dictador.

Intercambio de caballos a mitad del río: Dos años más tarde, Lincoln y McClellan se enfrentaban en la elección presidencial de 1864 y Lincoln hizo uso de otra alusión al caballo y jinete.  Presentó el argumento de que debía ser reelegido mientras el país estaba aún en guerra, señalando: “No me he permitido … llegar a la conclusión de que soy el mejor hombre del país; pero sí me hace recordar, en este respecto, una historia de un viejo granjero holandés que comentó una vez a un compañero que ‘no era la mejor estrategia la de intercambiar caballos mientras se cruzaba un río’”.

Podemos estar agradecidos de que la gente estuvo de acuerdo con Lincoln y lo eligió de nuevo, porque si McClellan hubiera ganado, la Unión no se habría conservado.  Lamentablemente, el gran cuentacuentos pronto callaría para siempre, víctima de un asesinato.  Curiosamente, sin embargo, su cuerpo sería acompañado en su último viaje desde la estación de tren de Springfield hasta el cementerio por nadie menos que el viejo Bob (‘Old Bob’), su caballo favorito, ahora tristemente sin jinete.

LinkedIn-LogoSquareKevin J. Wood

el 30 de junio de 2016